GranCabrio: la historia de los Maserati a cielo descubierto

Los descapotables del Tridente siempre han recibido aplausos en todo el mundo.

Perfilar la historia de los Maserati a cielo descubierto significa volver a sacar a la luz obras maestras de gran singularidad, automóviles de ensueño ideados y fabricados para auténticos entendidos. Tridentes que apuntan hacia el cielo, como el Maserati A6/G 2000 Frua Spyder de principios de los años 50, o el 3500 Gt Frua Spyder, un ejemplar único que condensaba en sí mismo toda la magia y la creatividad de las grandes casas automovilísticas italianas.

Los descapotables del Tridente siempre han recibido aplausos en todo el mundo. Tras conducir el 3500 Gt Vignale Spyder en los albores de los años 60, la revista inglesa Autocar escribía: «El impecable despliegue de caballos y la excelente adherencia en carretera nos han convencido inmediatamente». Hasta ahí llegaban los MG, los Morgan y los demás iconos del Union Jack.

Los vientos nuevos que empezaban a soplar por aquel entonces se volvieron imperiosos en 1964, con la llegada del Maserati Mistral Spyder, un cabrio cuya estética minimalista ocultaba un purasangre capaz de alcanzar los 255 kilómetros por hora. El Mistral se convirtió en el Ghibli, que con su fuerza dominó incluso a Henry Ford II, quien se paseaba por las calles de Detroit con su Maserati Spyder y a los que le recordaban el adulterio que cometía, les respondía diciendo: «El Ghibli desaparecerá de mi garaje el día que me diseñéis un Ford igual de precioso».

La historia sigue hasta principios de este siglo, cuando desembarca en América el Spyder, que —en la era de los cambios de marcha en milésimas de segundo— se establece como rey gracias a su cambio de Fórmula 1, una solución que denota una primacía tecnológica con raíces profundas.

Y ahora llega el GranCabrio, el primer descapotable de cuatro plazas realizado por la Casa modenesa, un cabrio que logra salir de la jaula del conformismo. Mejor dicho, que sale de un Birdcage. Porque sin un gran pasado no podría existir un presente brillante.